Hay personas que nacen para vivir
Y hay otras que nacen para preguntase
Por qué y para qué viven
De esta clase nosotros los derrotados.
Hay que pedirle peras al Olmo... hasta que las suelte
La inestable lucidez del mundo
provoca en mi alma arrebatos de odio.
A duras penas contengo al instinto vestido de venganza,
y es que me voy cansando con la vigilia continua que significa estar vivo,
los brillos y las luces esconden flechas cargadas de veneno,
disparadas por un mundo
que se defiende con todo, de las condiciones humanas,
siempre en pugna por la supremacía y el reconocimiento.
Lejos se encuentra el mundo de este lugar en medio del pecho
al que recurro de vez en cuando para sentirme solo.
Desde lo alto de mi paisaje me detengo a pensar en la vida
que pasa allá lejos como, un río tranquilo y plácido,
colmado del sosiego que otorga la noche peregrina del sol.
Miro en la corriente el puerto de luz que evoca tu existencia
y el cuerpo se me llena de imposibles al distinguir tu destello de estrella caída,
de diamante ignoto.
La distancia insondable de las realidades nos separan con su carga de tiempos dispares,
dejando un punto de encuentro en medio del juego de espejos: El despertar.
Soy un híbrido entre pasado y futuro
un eterno presente que sin embargo envejece, deja huellas.
Soy una brecha que el tiempo carga,
una herida sangrante en su costado.
Soy ni más ni menos que un hombre,
hombre que vive suspendido entre dos eternidades
que afortunadamente se le escaparon de las manos.

I
El poeta nunca baja de su amor sublime.
El poeta no se alimenta con los frutos de la tierra.
El poeta no ríe con el corazón abierto.
El poeta vive dentro de una habitación hecha de espejos.
El poeta quiere perderse en el jardín maldecido de sus versos
y desde ahí mirar vivir, sin miedos, sin riesgos.
II
El ser poeta es un incansable ejercicio de autodestrucción,
consiente y placentero, hasta el extremo mismo del dolor.
Es comerse las entrañas cada día,
siempre en una mesa distinta, bajo un cielo estático.
No hay dolor que un poeta no conozca, aun cuando ésta sea de fantasía.
La vida pasa la cuenta por cada secreto que un poeta le roba,
la venganza no espera, cuando con palabras simples se le mira a la cara,
a sus ojos de espejo.
III
Hermosas maneras existen para llamar a los poemas,
mas para mi es el resultado del encuentro sexual orgiástico del amor con la verdad,
la autodestrucción y la libertad.
Eso es un poema para mi, una mezcla de todo eso con una pizca de realidad
que le da el toque preciso para poder digerirlo.
Un poema bien escrito es un olvido de un recuerdo, puesto sobre el papel.
Son letras, palabras, frases que van en contra de las leyes del movimiento,
porque ése no es su mundo.
En un poema hay dos sentidos del tiempo, en un mundo que sólo tiene uno.
IV
Maldigo a la poesía,
En lo largo y ancho de su cautivante Embrujo
La maldigo porque deja expuestas
Las entrañas moribundas
A los negros buitres ávidos de sangre
Fresca y palpitante. Oscuras alimañas,
Marionetas adictas al sufrimiento ajeno.

El sabor amargo del cigarro añejo
despierta los sentidos ocupados en los recuerdos,
y es que no es la primera vez que ese sabor
a nicotina y alquitrán rancios hacen nido en la boca
del vagabundo de la calle sin nombre.
Con el andar de un paria de regreso, va caminando
sin prisas hacia cualquier parte,
dejando tras de si una sombra
que entristece los paisajes que abandona.
La ciudad lo expulsa,
arremete en contra de su alma peregrina
con toda la fuerza de su orgullo luminoso,
y él sonríe con la bondad de un padre
ante la travesura de su hija pequeña,
sabe que la cuidad le teme más que le odia,
él es un vencedor, un loco enfermo de libertad.
Un lucero en medio del caos.
A la espera del Mesías ( o la crónica de una nueva Palestina)
No sé si fueron las imágenes de una pequeña cantando una canción pop, , al más puro estilo de sepelio gringo, donde tildaban de héroe a un general que ni siquiera murió haciendo su trabajo, o las seis horas ininterrumpidas de transmisión televisiva, de un funeral sobredimensionado lo que me llevan a reflexionar sobre el decadente estado en que nos encontramos como sociedad, solos, desamparados, en busca de un guía de cualquier tipo, que nos dicte por donde va el camino, que nos oriente con respecto a nuestra existencia y el papel que jugamos en la vida.
“El general del Pueblo”, “el político que se preocupa por los problemas reales de la gente” “la señora teñida que nos encantaba con una sonrisa plástica y su palabra de mujer” Falsos ídolos que emergen de vez en cuando, despertando los más exacerbados fanatismos, y las más extrañas expectativas. Fue acaso la anulación del ejercicio político en la población nacional durante la dictadura, o el desorden burocrático de los períodos de la concertación lo que nos a llevado a una especie de anhelo mesiánico, a la búsqueda de un salvador que nos libere del imperio de la soledad y del inmediatismo abúlico que ronda en cada una de las esferas del quehacer nacional . Lo cierto es que al igual que en la antigüedad, nos maravillamos ante cualquier personaje que demuestre una mediana competencia en su trabajo, como si realizar bien la labor para la cual se está designado ( con un sueldo varias veces superior a la media) fuese motivo de adoración, como si fuese una especie de poder sobrenatural venido desde las alturas en forma de unción suprema, y nosotros simples mortales pecadores no estuviésemos a la altura, no fuésemos dignos de amarrar los cordones de sus zapatos.
Es esta extraña sensación, que pulula en el aire esperando en los rincones para salir a escena y elevar a categorías insospechadas a políticos mediocres, futbolistas ignorantes, animadores snobistas y a cuanto personaje con ansias de figurar aparezca en el limitado medio nacional, la que se está transformando en un estado permanente dentro de la “gente”, aquella que vota, y que opina en la calle, la que elige sus gobernantes dependiendo de sus sensaciones y no de la trayectoria.
Pronto estaremos en período de elecciones, ¿Será que el advenimiento del mesías está cerca? ¿Bajará del cielo en un jet privado auspiciado por Lan Chile? ¿ o bajara con un martillo en la mano y un discurso renovado? Lo cierto es que se le espera con ansia, y ya hay una cruz esperando su dueño.
Atrás queda el tiempo en que el ejercicio de la política era una cosa de carácter público y masivo, hoy en día la política se hace cada vez más secreta en verdaderas fortalezas inexpugnables, con cámaras y guardias que vigilan constantemente la privacidad de las cada vez menos personas que deciden los destinos de toda la población de un país o de una ciudad. Es este verdadero ocultismo que rodea a la política hoy en día, es lo que ha llevado al desencanto generalizado y a la apatía, las personas comunes y corrientes se sienten fuera (y de hecho lo están) de todo tipo de participación efectiva, cuando más tiene el “derecho” de votar cada cierta cantidad de tiempo, por personajes inventados o levantados de la nada según la necesidad de los partidos, o de los empresarios, con eso se satisface la participación, se callan la voces y se da la sensación de una democracia participativa e inclusiva.
Fuerte suena el famosos adagio romano ‘Al pueblo pan y circo’ demás está decir que el circo lo tenemos todos los días en el diario, en los programas de farándula, en las noticias, trágicas, el chupacabras etc. El pan es un poco más escaso lamentablemente, pero nunca tanto como para generar un descontento peligroso para el estatus quo del modelo social implementado por las autoridades, el gobierno aprieta pero no ahoga de manera aparente, y el descontento sube al mismo tiempo que la facilidad de gobernar a todo el rebaño ignorante; frases como ‘da lo mismo quién gobierne, igual tengo que trabajar’ se repiten a cada instante y con cada elección, generando un vacío político, una pérdida de los ideales, de la conciencia colectiva.
Las encuestas siguen mostrando el descontento del pueblo con los políticos y con la política, mientras el eterno presente se hace patente en el sentir cotidiano, sin embargo, lejos de preocuparse como aparentan aquellos que detentan el poder, esto es precisamente lo que buscan, un presente eterno e individualista, donde cada uno se preocupe de si mismo de manera inmediatista, sin ojos para el futuro y sin conciencia del pasado.